Español - Inglés - Portugués
156 lecturas | Publicado el 9 de febrero de 2010
Infomanejo Número 73
Todas las versiones de este artículo: [en]

En la mayoría de los países occidentales se otorgan las licencias a los nuevos conductores a partir de los 17 o 18 años, asumiendo que a esa edad un joven adquiere las capacidades necesarias para desarrollar una actividad compleja como lo es el manejo.

Pero el manejo seguro no sólo requiere del dominio de los movimientos sobre los controles del automóvil, son necesarias otras capacidades mentales (acción motora), la claridad en la toma de decisiones (elaboración táctica) y el conocimiento y autocontrol de conductas que son riesgosas.

A nivel orgánico, la toma de decisiones, las conductas riesgosas y la impulsividad comparten las mismas redes neuronales en la corteza cerebral, en una región llamada corteza prefrontal dorsolateral. Se ha comprobado que esta región del cerebro en los adultos puede llegar a producir una suerte de “miopía intelectual”, que equivale a decir: falta de sensibilidad por las consecuencias futuras de las inconductas presentes, hecho muy frecuente en los adolescentes. Debemos también advertir que esta región del cerebro madura en una adolescencia tardía, a veces hasta bien entrada la segunda década de vida.

Esta explicación puede ser útil para comprender las conductas caracterizadas en los adolescentes por dificultades motivacionales, impulsividad y adicciones, pero nos detendremos a reflexionar sobre cuál es el nivel de formación que reciben nuestros jóvenes para salir a manejar.

Las estadísticas nos demuestran que la conducta riesgosa es más prominente entre los conductores jóvenes. Una subestimación histórica del manejo como actividad y la actitud simplista de los padres, reñida y solapada con la ética, parecen conjugarse en forma de hipérbola, desnaturalizando al accidente de tráfico como suceso evitable y mitificando el suceso accidental, que es la principal causa de muerte y heridos graves entre los adolescentes y los adultos jóvenes.

La frecuencia con la que los jóvenes consumen sustancias estimulantes o depresoras del sistema nervioso central (tabaco, alcohol, por nombrar las más comunes) y el grado de agresividad (además del género y los factores sociales) son, entre otros, agentes agravantes.

A nivel social, lo primero que debemos comprender entonces, es que el tema del manejo y la juventud es una cuestión importante y merece un estadio de consideración permanente. Indudablemente una adecuada capacitación se constituye el eje sobre el cual debemos articular la asistencia. Una formación que necesariamente tiene que ser distinta de la actual; de modo que permita al joven capacitarse para reconocer sus límites personales y los del vehículo, identificando las situaciones con riesgo y asegurando la transición sin accidentes hasta su maduración orgánica, con inclusión en el circuito social creado por la conducción como actividad.

- Un proceso de enseñanza metódico y riguroso.

- Evaluación que facilite la detección de aspectos susceptibles de cambio.

- Un entrenamiento adecuado.

- La comunicación abierta con adultos responsables (creando un ámbito de discusión de conductas y situaciones riesgosas).

Con estas herramientas básicas, podremos moldear conductores más inteligentes y seguros, reduciendo de esta manera el número de accidentes en la población joven.


¿Un mensaje, un comentario?
  • (Para crear párrafos, deja líneas vacías.)

¿Quién eres? (opcional)

Búsqueda avanzada Realice búsquedas detalladas de artículos, imágenes y videos.
Suscripción gratuita
Complete sus datos y reciba en su casilla de correo las nuevas ediciones
Apellido*:
Nombre*:
Cargo:
Empresa:
E-mail*:
Repetir E-Mail*:







¿Cómo conoció InfoManejo?:



Escriba el código de seguridad*
Por favor complete el formulario
Enviar a un amigo

Su nombre
Destinatario
E-mail
 
Palabras clave
Artículos relacionados
En la misma entrega








Facebook

twitter